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Sin despojarse de su túnica y de la corona de ramas y hojas secas con las que posó para el fotógrafo, Pablo Serna lee un manuscrito: “Mi origen es de tiempos lejanos, y vengo del sueño de las piedras, de esas piedras ardientes en los meses de abril y de mayo; de ese vapor que asciende y desdibuja con su vaho el camino”.

Más que una definición de su actividad artística, puede ser el lema del bailarín, coreógrafo y pintor Pablo Serna, un tamaulipeco que nació a la danza en Guadalajara y desde entonces se ha presentado en toda clase de escenarios. Con 38 años de trayectoria en esta disciplina, comparte la forma en que conecta el ritmo corporal con el visual.

La danza es vida